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Los agentes brasileños investigan dos supuestos casos de contacto violento entre grupos indígenas que rechazan el contacto con la sociedad e intrusos que entraron en su territorio de forma ilegal.

Ambos incidentes habrían ocurrido en el territorio indígena Vale do Javari, un área de gran magnitud que comprende 85 444 kilómetros cuadrados en el estado de Amazonas, en la frontera con Perú, y que es hogar de una de las mayores concentraciones de pueblos indígenas en aislamiento del mundo.

En uno de los casos, los involucrados son mineros de oro que operaban dragas de forma ilegal en el río Jandiatuba, afluente del Solimões. A mediados de agosto, empezaron a circular informaciones en el pueblo de São Paulo de Olivença, en el río Solimões cerca de las fronteras de Brasil con Perú y Colombia, de un encuentro entre mineros y pueblos en aislamiento que ocurrió a finales de julio o principios de agosto.

A finales de agosto, cuatro dragas en el río Jandiatuba fueron destruidas en una redada del ejército brasileño, el Ministerio Público Federal y el Instituto Brasileño del Medioambiente y de los Recursos Naturales Renovables (IBAMA). IBAMA también multó a un grupo de mineros con 340 000 dólares por daños ambientales en la región.

Antes de la redada, los mineros en São Paulo de Olivença habían mostrado un arco, una flecha y un remo de canoa tallado como prueba del encuentro con los indígenas, según fuentes cercanas a la investigación.

También se informó  que habían muerto hasta 10 personas indígenas. Esa información no se ha confirmado, según un comunicado de prensa que FUNAI, la agencia de asuntos indígenas de Brasil, publicó el 11 de septiembre.

“Hasta ahora, no se han encontrado pruebas materiales para demostrar la supuesta masacre, así que es imposible confirmar la veracidad de [las informaciones sobre] las muertes”, decía el comunicado de FUNAI.

Es difícil confirmar muertes en casos de encuentros violentos con grupos aislados porque los cuerpos de las víctimas casi nunca se encuentran, dicen los expertos.

En esos casos, la información suele venir de las personas del exterior que han estado participado —como los mineros en este caso, o taladores o cazadores que invaden el territorio de un grupo aislado— o de una comunidad vecina.

En el segundo supuesto caso, los lugareños de Jarinal, una comunidad Kanamari en el río Jutai, informaron de un ataque contra un grupo de Wakinara Djapar —tribu del mismo grupo lingüístico que los Kanamari— que podrían haber llevado a cabo personas que practicaban la agricultura de forma ilegal en el territorio indígena Vale do Javari.

Al sobrevolar el área en diciembre de 2016, el personal de FUNAI vio los restos calcinados de la maloca, o casa comunal, de un grupo aislado, pero se desconoce si el fuego tuvo relación con las incursiones de los forasteros.

Incluso cuando los encuentros no son violentos, el contacto con personas del exterior puede ser devastador para los grupos aislados, que no tienen resistencia contra las enfermedades más comunes, como los resfriados o la gripe. Incluso el contacto indirecto —a través de ollas, machetes u otros objetos que se llevan desde un pueblo asentado o un campamento de tala— puede causar una epidemia que diezme a un grupo o le obligue a buscar asistencia médica.

Las dos nuevas noticias de violencia llegan en un momento en que los grupos  aislados de la cuenca del Amazonas están bajo una presión en aumento debido a los narcotraficantes, especialmente en la frontera entre Brasil y Perú, además de la presión de la construcción de represas, operaciones de petróleo y gas, y deforestación para agricultura y ganadería, según Antenor Vaz, antiguo oficial de FUNAI que ha mapeado las amenazas.

Una versión ampliada de este informe fue publicada en MongabayLatamPuedes leerla aquí.

FUENTE http://rpp.pe